“1978. Comenzamos a discutir la cuestión de la adolescencia, luego de alguna experiencia clínica previa. La bibliografía existente en aquel entonces acerca de ese tema reposaba en lo esencial, tras cierto barniz psicoanalítico, en una concepción derivada de la psicología evolutiva[…]
Nos preguntábamos al mismo tiempo, si era posible tratar el fenómeno de la adolescencia con un criterio estructural, y no con un criterio empírico[…]
El trabajo que realizamos después hizo que advirtiéramos que lo que planteábamos, nos llevaba necesariamente a la pregunta por la relación entre la constitución del sujeto, la constitución del fantasma y la pubertad”